Descubrimientos siglo 20

Descubrimientos fundamentales del siglo diecinueve


Aunque los descubrimientos más notables que se relacionan con la Biblia y particularmente con el Antiguo Testamento no se hicieron hasta el siglo veinte, los descubrimientos fundamentales se hicieron en el siglo diecinueve y prepararon el camino para la era moderna.

La piedra Roseta: La llave hacia el espléndido pasado de Egipto.
File:The Rosetta Stone


Este extraordinario e importante monumento fue descubierto por un oficial de la expedición de Napoleón en Egipto en 1798, en Rosetta (Rashid), cerca de la boca occidental del Río Nilo. Era una tabla de basalto negro escrita en tres idiomas y puede decirse que es la llave que abrió la puerta al conocimiento del idioma y la literatura del antiguo Egipto, así como la inscripción que inauguró la era moderna de la arqueología bíblica científica.  


Los tres idiomas en que se encontraba escrito este monumento eran el griego del 200 a.C. y dos formas de escritura egipcia: la escritura jeroglífica, más antigua y más complicada, y la escritura demótica, más reciente, simplificada y popular, que era el idioma común de las personas. El griego podía leerse de inmediato y proporcionó la pista para descifrar los otros dos escritos egipcios más antiguos. Sylvester de Sacy, de Francia, y J.D. Akerblad, de Suecia, tuvieron éxito en la interpretación del egipcio demótico, identificando los nombres personales griegos que contenía, a saber Ptolomeo, Arsinoe, y Berenice. Thomas Young, de Inglaterra, procedió a identificar el nombre de Ptolomeo en la porción jeroglífica donde grupos de caracteres encerrados en óvalos, llamados cartuchos, ya habían sido considerados como nombres reales. A partir de este punto, el joven francés JEan Francois Champollion, 1790-1832, pudo descifrar los jeroglíficos del monumento, mostrar la verdadera naturaleza de esta escritura, hacer un diccionario, formular una gramática, y traducir los numerosos textos egipcios, desde el año 1818 al 1832.


El logro de Champollion inició formalmente la ciencia de la Egiptología. Los estudiosos, de aquí en adelante, pudieron leer las inscripciones y relieves de los monumentos egipcios. Desde ese tiempo en adelante se abrieron los tesoros literarios del Valle del Nilo al estudio erudito. Actualmente, muchas universidades mantienen cátedras sobre el idioma y cultura del antiguo Egipto. Estos estudios abrieron tramos de la historia hasta aquí desconocidos  de modo que, toda la historia de la tierra del Nilo puede trazarse bastante bien desde el principio de Egipto, ca. 2800 a.C., hasta el 63 a.C., cuando Roma tomó la tierra.  


Todo esto tiene una tremenda importancia para el trasfondo de la Biblia. Egipto figura en forma prominente en las narrativas patriarcales, en el libro de Éxodo y a través de todo el Pentateuco. Como resultado, el trasfondo de la historia de José y de la estadía de los hijos de Israel en Egipto, su liberación dirigida por Moisés, gran parte de su peregrinación en el desierto, y la historia posterior en Canaán, pueden ponerse ahora en el marco general de la historia egipcia. Puede decirse que todo el contexto de la historia del Antiguo Testamento en el extenso período de Abraham a Cristo, se aclara enormemente debido a los grandes progresos en nuestro conocimientos de Egipto. Esa gran nación de la antigüedad interactuó con los poderosos imperios asirio-babilónico en el Tigris- Éufrates, y con el poder hitita en el Halys a través del puente diminuto que era la antigua Palestina.      

La inscripción de Behistún: puerta a la antigüedad asirio-babilónica


La inscripción de Behistún,


Este famoso monumento fue la llave a los idiomas de Asiria y Babilonia. Consiste en un gran panel en relieve que contiene numerosas columnas de inscripción talladas audazmente en la roca de una montaña de aproximadamente ciento ochenta metros sobre la llanura circundante de Karmanshah, en la antigua ruta de caravanas de Babilonia a Ecbatana. A diferencia de la piedra Rosetta, escrita en jeroglíficos egipcios antiguos, en el demótico popular, y en el griego del tercer siglo a.C., la inscripción de Behistún está escrita en los caracteres cuneiformes de la antigua Asiria y Babilonia. Contenía aproximadamente doscientas líneas de inscripción. Los tres idiomas en que se escribió estaban en caracteres cuneiformes: persa antiguo, elamita y acadio. El tercer idioma, al acadio, era el idioma cuneiforme de Asiria y Babilonia antigua en que estaban escritas las millares de tablillas de arcilla descubiertas en la región del Tigris-Eufrates.   


Las primera excavaciones revelaron una gran cantidad de material en que aparecía la curiosa escritura babilónica acádica de forma de cuña. Pero era una enigma sin resolver. Prácticamente no hubo progreso hasta que un joven funcionario inglés del ejército persa, Henry C. Rawlinson, en 1835 y los años siguientes, escaló peligrosamente hasta la inscripción de Behistún e hizo copias e impresiones en yeso.


Rawlinson sabía el persa moderno y se puso a trabajar para descifrar el persa antiguo, la parte cuneiforme de la inscripción. Después de una década de trabajo, logró traducir las cinco columnas, casi cuatrocientas líneas, de la porción persa antigua de la inscripción de Behistun, y las envió a Europa en 1845. Se publicaron la traducción del texto y su comentario en 1847 en la Revista de la Real Sociedad Asiática.


Junto con la parte literaria del monumento había un personaje de tamaño natural con numerosos individuos inclinados ante él. Esta persona resultó ser Darío el Grande (522-486 a.C.), el príncipe aqueménida que salvó al Imperio Persa de una rebelión. La escena representa al rey, como lo muestra la tradición que Rawlinson hizo de la porción persa de la inscripción, mientras acepta la sumisión de los rebeldes. El emperador aparece en la cima del relieve acompañado por dos esclavos. Su pie está sobre la figura postrada de un dirigente rebelde. La mano izquierda del rey sostiene un arco mientras su mano derecha se alza hacia el disco alado que simboliza a Ahura Mazda, el espíritu bueno al que adoraba Darío, como seguidor ardiente de Zoroastro. Detrás de los rebeldes marcha una procesión de los caudillo, atados por sus cuellos. Al lado y debajo del panel esculpido aparecen inscripciones en numerosas columnas que narran en tres idiomas cómo Darío defendió el trono y aplastó la revuelta.


Trabajando sobre el supuesto de que las otras inscripciones narraban la misma historia, los estudiosos pronto pudieron leer el segundo idioma que era el elamita o susano. Por último, pero muy importante, pudieron descifrar al acadio o asirio-babilónico. Esto fue un gran descubrimiento porque los numerosos restos literarios del valle de los ríos Tigris y Éufrates están grabados en este carácter cuneiformes. Además, abrió un inmenso campo nuevo de trasfondo bíblico, de modo que, así como la Piedra Rosetta dio origen a la ciencia de la Egiptología, la inscripción de Behistún produjo el nacimiento de la ciencia de la Asiriología. Es más. la Egiptología y la Asiriología ofrecen una gran ayuda para la compresión de los trasfondos bíblicos y de la historia bíblica. Ningún diccionario bíblico, manual de la Biblia, o comentario moderno puede ignorar los grandes logros de estas ciencias.


La tarea de descifrar el cuneiforme progresa cada década. Se han descubierto numerosas bibliotecas cuneiformes de la antigüedad. Dos bibliotecas desenterradas en Nínive contenían miles de tablillas de arcilla. La biblioteca de Asurbanipal (669-625 a.C.) contenían una veintidos mil tablillas. Entre las tablillas que se desenterraron en esta colección y se enviaron al Museo Británico había copias asirias de las historias babilónicas de la creación y del diluvio. La identificación y descifrado de estas tablillas en particular por George Smith en 1872 produjo gran excitación en el mundo arqueológico.


No solo en Babilonia, sino en muchos otros lugares se descubrieron grandes cantidades de literatura cuneiforme. Por ejemplo, las famosas cartas de Amarna se descubrieron en Egipto en 1886, en Tell el-Amarna, aproximadamente a trescientos veinte kilómetros al sur del moderno El Cairo. Las tablillas de Amarna resultaron ser la correspondencia diplomática de reyezuelos de Palestina en el siglo 14 a.C. con la corte egipcia en Amarna. Las cartas de Amarna dan una mirada interior a las condiciones en Palestina antes de la conquista de Josué y los israelitas. Muchos especialistas actualmente piensan que describen aspectos de esa invasión. Unos de los documentos del gobernador de Jerusalén (Urusalim) cuenta a Amenofis IV que los “habiru” (quizás los hebreos) estaban asolando muchas ciudades de Palestina y no se les podía detener.


Otras importantes colecciones de literatura cuneiforme con incidencia en la Biblia se recuperaron en Boghas Keui y Kanish en Asia Menor. Otras provienen de Susa y Elam, otras de la ciudad de Mari en el curso medio del Éufrates, algunas de Rash Shamra (antigua Ugarit), la cual se menciona en las cartas de Amarna y se localiza en el norte de Siria. Otras surgieron de diversos sitios dentro y fuera de Babilonia.


La Piedra Moabita: sensacional descubrimiento literario.
            


      De Wikipedia, la enciclopedia


Esta importante inscripción, descubierta en 1868, ofrece otro ejemplo de los descubrimientos del siglo diecinueve que prepararon el camino para los grandes descubrimientos del siglo veinte. La inscripción data de alrededor del 850 a.C.. La edificó Mesa (2 R 3:4), rey de Moab, y a veces se le llama la piedra de Mesa. Cuenta las guerras de Mesa, rey de MOab, con Omri, rey de Israel, y los sucesores de Omri.  Además revela las guerras de Mesa contra los edomitas. El material que se registra en la piedra moabita es paralelo de la historia bíblica que se narra en 2 Reyes capítulos 1 y 3. Numerosos lugares mencionados en el Antiguo Testamento aparecen en la estela (monumento escrito). Entre ellos están Arnón (Nm 21:13, Dt 2:24), Atarot (Nm 32:34), Baal-meón o Bet- baal-meón (Jos 13:17), Bet-bamot o Bamot-baal (Jos 13:17), Bet-diblataim (Jer 48:22), Beser (Jos 20:8), Dibón (Nm 32:34), Jahaza (Jos 13:18), Madeba (Jos 13:9), y Nebo (Nm 32:38).  


Este monumento inscrito o estela mide aproximadamente 1 metro 13 centímetros de alto, 70 centímetros de ancho y 35 centímetros de espesor. Sus 34 líneas constituyen la más larga inscripción literaria que se ha descubierto aún extrabíblicamente y que tiene que ver con Palestina en el período del 900- 600 a.C. Narra que Moab fue conquistada por Omri y su hijo Acab, pero el dios de Mesa, Quemós, la liberó del yugo israelita. Se representa a esta divinidad ordenando a Mesa a ir a la guerra contra Israel, quien, según 2 R 3:27, ofreció a su primogénito en holocausto sobre el muro para propiciar a Quemós y ganar su favor.

La Piedra Moabita está escrita en el idioma de Moab, que era muy similar al hebreo del tiempo de Omri y Acab. En consecuencia, esta inscripción tiene gran valor para trazar del desarrollo de los antiguos hebreos a lo largo de los siglos. Cuando fue descubierta, la Piedra de Mesa no solo era la inscripción hebreo-fenicia más antigua y la más larga que existía hasta entonces, sino que era la única. Ahora se conoce el calendario de Gezer, el que data aproximadamente del año 925 a.C. Se trata de una ejercicio escolar escrito en perfecto hebreo clásico. Esta pequeña tabla de piedra caliza, encontrada en la antigua Gezer, nos otorga un detalle sobre la agricultura palestina, así como de los antiguos escritos hebreos. Descubrimientos como el de la Piedra de Mesa y al calendario Gezer no solo nos permiten tener antecedentes sobre la Biblia, sino que también vinculan la cultura y la historia del pueblo fuera de las fronteras de Israel.   

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