Excavaciones recientes en Jerusalén


Excavaciones recientes en Jerusalén

El jardín de Ofel
Una de las excavaciones más emocionantes que se llevaron a cabo en Jerusalén en las pasadas tres décadas es también una de las más recientes: Las excavaciones al sur del Monte del templo, un lugar conocido como el Jardín Ofel. Aquí encontramos una colección de edificios y estilos arquitectónicos que representan varios períodos, los cuales datan desde el período turco hasta la época del rey Salomón. Las piedras que aquí se encontraron se usaron en la construcción de edificios del período del segundo Templo, el templo de Herodes el Grande. Allí estaban las piedras de los muros del templo derribadas por los romanos cuando lo destruyeron en el año 70 d.C.

¿Qué hace esta excavación tan especial? Ella revela muros adicionales del Templo correspondientes a la época del segundo Templo (37 a.C. al 70 d.C.) Hasta principio de los ochenta, todo lo que se tenía del templo herodiano era una pequeña parte de la muralla anterior conocida como el muro occidental o “muro de los lamentos”. Ahora, se abrió una nueva sección al este y al sur del muro para el público. Esta nueva sección nos ayuda a ver y comprender mejor lo magnífico que debió ser el Templo. Algunas de las piedras delatan un peso que bordea las ocho toneladas. ¡Una de las construcciones más grandes que se haya encontrado en todo el mundo! Y aún y más.

Los arqueólogos que supervisan la mayor parte de la obra son dos prominentes investigadores israelíes, Benjamín Mazar y Meir Ben-Dov. Gran parte de la obra se publicó en un excelente libro que se titula En la sombra del Templo (Keter Publishing, Jerusalén, 1982). Hay tal riqueza de conocimiento en su trabajo que posiblemente no podremos hacerle justicia a la excavación en este artículo. Podemos, no obstante, extraer algo de sus hallazgos.

Primero, gracias a su trabajo hemos conocido un gran tramo de todo el largo del muro occidental del Templo, más de quinientos metros de longitud. Junto a este muro, en su base, habían tiendas que se dedicaban posiblemente a la venta de artículos religiosos de uso en el hogar (tales como menorah, mezuzah, tefilin o talit). Además, profundo en el suelo bajo la esquina suroeste, se halló una piedra que tenía la inscripción “al lugar donde toca la trompeta”. Esta pudo caer de la muralla durante la destrucción romana. De acuerdo a las fuentes históricas judías, el “lugar donde toca la trompeta” era conocido como el “pináculo del templo”, el lugar de donde se soplaba el cuerno del shofar o carnero para anunciar el comienzo y el fin del día de reposo, del culto diario en el Templo, los festivales, los días de festividades, y los festivos. Este es el lugar que se identifica con una de las tentaciones de Jesús que aparecen en los Evangelios del Nuevo Testamento. Hasta este descubrimiento, se presumía que el pináculo del Templo se ubicaba en la esquina sureste de las murallas del Templo puesto que se erguía en alto para tener el panorama del valle del Cedrón. Este desde luego, no tenía sentido en absoluto, puesto que la mayoría de las personas necesitaban escuchar la trompeta vivían dentro de los muros del Templo, en la parte baja de la ciudad y cerca del Monte del Templo.

Segundo, Mazar y Ben-Dov encontraron una colección de antiquísimas bañeras miqvot o miqvah  (tinas judías para sumergirse) del siglo primero, en el área de los peldaños del sur conducen hacia el interior y el exterior del Templo (estas se analizarán con más detalle posteriormente). Los hombre que ingresaban al Templo para rendir culto y orar, posiblemente usaran estos miqvot, especialmente en el caso de los sacerdotes, con el fin de satisfacer las necesidades de limpieza ritual, tan imperiosa para los varones judíos. Quizás el propio Jesús usó esos baños cuando entró al Templo desde el sur.

Tercero, se hallaron dos conjuntos de puertas para la entrada y salida del Templo. Ambos conjuntos están sellados en la actualidad. La puerta oriental (conocida como la puerta oriental del Hulda, llamada así por la profetisa Hulda) era la puerta al atrio de los gentiles, el atrio más grande que rodea al Templo mismo. La puerta occidental (conocida como la puerta occidental de Hulda) bada a la salida del Templo. Sin embargo, había una disposición que señalaba que una persona en duelo podía ingresar por la puerta de salida y salir por la puerta de entrada. Así el pueblo podría saber que ellos estaban de duelo para ofrecerles una palabra de aliento.

Finalmente encontramos los restos de una escalera maciza que llevaba al área del Templo. Estos peldaños no eran solo una entrada, sino también un lugar donde los rabinos podían predicar en privado y en una manera no tradicional. Cuando un rabino predicaba en público, lo hacía dentro del atrio de los gentiles, en una columnata conocida como “el estoa real”. Estas sesiones de enseñanza se caracterizan por preguntas y respuestas (un estilo de enseñanza común de los judíos) y eran abiertas a todo el mundo que quisiera escuchar o participar. Esta enseñanza pública se realiza en el monte del Templo. Pero si un rabino deseaba enseñar en privado y sin preguntas abierta (en otras palabras, dar una disertación), la realizaba en los peldaños del extremo sur del Monte del Templo. Se conocían estos peldaños como “gradas de la enseñanza”. Tal vez, aquí fue donde Jesús dijo las palabras que se registran en Mateo 23.

Considerándolo todo, esta excavación incrementó enormemente nuestro conocimiento de estas áreas que se encontraban fuera del Monte del Templo al sur y suroeste, y nos otorgan un panorama más claro de la amplitud del Templo.   


La sede de los esenios  

¿En qué lugar se llevó a cabo la última cena? Esta pregunta ha provocado un candente debate por muchos siglos. Pero finalmente creemos tener la respuesta. Durante centurias, cuando los peregrinos cristianos visitaban Jerusalén, visitaban el “aposento alto” en el presente Monte Sión; y allí escuchaban la historia sobre “la última cena”. En efecto, este es un sitio tradicional del cual no se sabe nada hasta después del tiempo de las cruzadas, y además, los musulmanes utilizaron este salón como lugar de adoración durante el período turco. Ciertamente, este lugar no corresponde al sitio donde Jesús compartió la cena de Pascua con sus discípulos la noche de su arresto. Este lugar fue destruido hace tiempo.

Entonces, si este no es el lugar donde ocurrió la última cena, ¿dónde debemos buscar? Nuestra respuesta se encuentra en dos fuentes sin relación entre sí: el Nuevo Testamento y los escritos de Flavio Josefo, un historiador judío del siglo primero. Según Lucas 22:10-13, leemos: “He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare, y decid al padre de la familia de esa casa: El maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí. Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua”.

Para quienes conocen algo la cultura judía de la época, aquí hay algo raro. En el siglo primero, los hombres no llevaban agua. Esta era una labor propia de las mujeres. ¿Por qué un hombre llevaría agua? Quizás, se tratara de un monje esenio.

Por otra parte, Josefo nos indica que hubo un gran terremoto al año 31 a.C., y durante este movimiento, se destruyó el monasterio de los esenios de Qumrán. Herodes el Grande le cedió un lugar en la parte alta de Jerusalén para establecer un monasterio allí y mover su sede general a Jerusalén. Se conoce esta área como el cuartel esenio. Después de la muerte de Herodes en el año 4 a.C., los esenios se trasladaron hacia el desierto de Judea y reconstruyeron su monasterio en Qumrán. Sin embargo, dejaron un pequeño grupo de monjes para mantener el monasterio en Jerusalén. Seguramente, este fue el lugar donde Jesús compartió la última cena, la pascua, con sus discípulos. No existe mejor explicación de por qué este hombre llevaba agua y por qué Jesús quería que sus discípulos siguieran a este hombre.

¿Dónde se ubicaría este monasterio esenio en Jerusalén? Hasta mediado de los ochenta, nadie lo sabía. Pero en esa fecha, sin embargo, se encontraron los restos de una puerta no lejos del tradicional aposento alto, detrás de la Abadía de la Dormición, con la inscripción “La puerta de los esenios”. Por lo tanto, ahora sabemos donde se ubicaba el monasterio, y se está realizando una nueva excavación para recuperar el lugar donde Jesús y sus discípulos compartieron la última cena.   


Ebla

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El nombre árabe para este montículo de 567 metros cuadrados que se ubica en la punta noroeste de Siria es Tell Mardikh. Arqueólogos de la Universidad de Roma comenzaron a excavar este túmulo en 1964 y encontraron una inscripción en 1968 que identifica este sitio con Ebla. Descubrieron porciones de edificios impresionantes correspondientes a la época de los patriarcas (1900-1700 a.C.); y debajo había templos y palacios de la antigua era de  bronce (2400-2250 a.C.). Este es el hallazgo de una antigua, pero avanzada civilización desconocida hasta entonces.

En 1974 y 1976, en tres salones de uno de los palacios se recuperaron casi siete mil tablillas de arcilla bien preservadas y cerca de trece mil fragmentos de otras tablillas con escritura cuneiforme. Este archivo de antigua literatura cananea o sumeria es de suma importancia. Las tablillas contienen registros legales, políticos y económicos de Ebla. Es importante notar que entender las culturas de los vecinos de Israel es útil para la interpretación de la Biblia. En ella se ve que Ebla era un imperio mercante. Sus gobernantes controlaban las rutas comerciales que llegaban hasta el valle de Mesopotamia, hasta las montañas de la actual Turquía y hasta el borde del valle del Nilo.

Pero es más importante el hallazgo de diccionarios (los más antiguos conocidos) los que proveen significado de palabras que se usaban en las lenguas de los antiguos cananeos (de Ebla) y los sumerios. Los lenguajes ayudan a los arqueólogos a entender mejor las culturas. Se pueden comprender con mayor precisión muchas palabras cananeas por palabras hebreas y ugaritas en el Antiguo Testamento debido a que también se presentan en estas antiguas tablillas.

Muchos nombres de lugares aparecen en los registros de Ebla, incluidos aquellos familiares para los lectores de la Biblia: Harán, Damasco, Hazor, Bet-san, Siquem, Jope, Ascalón, Jerusalén, Dor y también Sodoma y Gomorra como creen algunos entendidos. Debido a que la Biblia en sí misma presenta estos lugares como reales, las tablillas de Ebla ayudan a apoyar esta confiabilidad histórica.

Cerca de diez mil nombres de personas aparecen en las tablillas. Entre ellas hay nombres bíblicos como Adán, Eva, Noé, Jubal, Abram, Ismael, Agar, Cetura, Bilha, Israel, Miqueas, Miguel, Saúl, David, Jehoram y Jonás. Aunque estos nombres no se refieren a personajes bíblicos, ellas establecen que estos nombres en las Escrituras son auténticos.

Algunas veces, sin embargo, las tablillas contienen historias legendarias y mitos que no concuerdan con las Escrituras (como por ejemplo, diferentes relatos sobre la creación). Estos casos nos  esclarecen la polémica de los autores bíblicos con las visiones paganas del mundo.

El proyecto de excavación continúa en la actualidad, por lo que es comprensible esperar que saquen más antecedentes a la luz para la confiabilidad y significado de la Biblia.




La emocionante historia de la arqueología bíblica aún no finaliza
               
Otros grandes descubrimientos como resultado de investigaciones continuas en las tierras bíblicas prometen aún más contribuciones a los estudios bíblicos en los años futuros. Por ejemplo, la recuperación de trece códices coptos de Hag Hammadi en el alto Egipto, desde 1945, casi ha entrado a rivalizar con los pergaminos del Mar Muerto en cuanto a la real importancia bíblica. Incluso, comprenden el apócrifo “evangelio de Tomás” y son de un valor incalculable, en especial, desde un punto de vista crítico para datar la literatura del Nuevo Testamento.

¿Qué nuevo y emocionante descubrimiento que afecte a la Biblia podríamos esperar que los arqueólogos saquen a la luz próximamente? La perspectiva debería engendrar el amor por las Escrituras y el deseo de estudiarlas empleando la historia, la lingüística y la arqueología como el medio bajo el Espíritu Santo para un entendimiento más acabado del mensaje bíblico a la humanidad.


1 comentario:

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