Grandes descubrimientos siglo 20

Grandes descubrimientos del siglo veinte

Pese a que descubrimientos como los de  piedra Roseta, la inscripción de Behistún, y la piedra Moabita son importantes por la época en que se hallaron y porque fueron los cimientos para la arqueología científica del siglo diecinueve, fue el siglo veinte el que se encargó de producir los hallazgos más sobresalientes e impresionantes de la historia arqueológica. Durante este período, la arqueología bíblica llegó a ser una ciencia refinada y precisa, ya que extendió las fronteras del conocimiento bíblico en el plano humano e hizo tremendas contribuciones a los aspectos de trasfondo, históricos y culturales, de los escritos de la Palabra de Dios.




El Código de Hamurabi: una luz para las leyes de Moisés

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Hamurabi (que en realidad se llamaba Hammurapí), sexto rey de la primera dinastía babilónica, quien gobernó desde 1728 a 1676 a.C., no siempre fue dueño del gran poder mundial como lo creemos en la actualidad. Según los documentos de Mari, fue de alguna manera un rey menor comparado con otros reyes de la época durante los primeros años de su reino. Pero será recordado para la eternidad por el descubrimiento del código de Hamurabi, hallados en 1901. Este código, cuya copia la encontró Jaques de Morgan en Susa, Elam, hasta donde la llevaron los elamitas desde Babilonia, está inscrito en una estela de diorita negra de un poco más de dos metros de largo por cerca de 1,8  metros de ancho. En la estela, los códigos contienen un poco más de 250 leyes o estipulaciones. En la parte superior, se registra la creencia fundamental de que el rey recibió el código de la ley de Shamash, dios de la justicia y de la ley.

El código, que en realidad no es un código en sí sino una colección de leyes escritas casi al fin del reinado de Hamurabi, es importante porque suministra antecedentes y material para la comparación con otras antiguas colecciones de leyes. Es natural que ofrezca fechas comparativas para el estudio de la ley de la Torá o del Pentateuco. Este tipo de código contiene una forma de leyes conocidas como ley casuística o leyes de casos, que se basa en casos específicos de la conducta humana. La fórmula para este tipo de leyes es: “Al alguien le hace esto a otro ser humano (y está definida la infracción) la pena es (cualquiera que esté prescrita en el código)”. James West en su libro Introducción al Antiguo Testamento  (Macmillan. 1981. p. 180) afirma: “Las leyes sociales, civiles y criminales en el Pentateuco están organizadas de la siguiente manera. Los temas que se tocan comprenden las variadas facetas de una sociedad compleja; sin embargo, cuando se comparan con las leyes hebreas, los códigos extrabíblicos exhiben una preocupación mayor por los derechos de propiedad, una atención menos justa para las personas y escasa regulación, si es que alguna, sobre la religión y el culto”.

Algunos estudiosos creen que el código de Hamurabi no fue escrito con el fin de actuar como una ley propiamente; más bien es una expresión de ideas e ideales filosóficos, intelectuales o literarios para mostrar el pensamiento legal y ético de la época. Además, ciertamente Hamurabi no escribió el código por sí mismo, puesto que fueron sus escribas quienes estamparon su nombre en el documento.

Para la tradición judía y cristiana, el código tiene valor debido a que nos permite comprender mejor algunos de los escritos legales que se encuentran en el Pentateuco, tales como el código del pacto (Éx 21-23). Pero la ley que se encuentra en la Torá (Pentateuco), también está en diferentes lugares. Por ejemplo, gran parte de la ley de la Torá se conoce como ley apodíctica, que toma las formas imperativas de “Harás” o “No harás”. Un buen ejemplo de la ley apodíctica es la que se ve en los Diez Mandamientos.


El papiro de Elefantina: Una luz para las eras de Esdras y Nehemías.      

Papiro Chester Beatty

Estos importantes documentos, que se descubrieron en 1903 en la isla de Elefantina en la primera catarata del Nilo en Egipto, dan una mirada interesante a una de las regiones más remotas del Imperio Persa de la segunda parte del siglo quinto a.C. El papiro elefantino proviene de una colonia militar judía instalada en ese lugar. Escrito en arameo, el lenguaje de la diplomacia y el comercio del lado occidental del Imperio Persa y que fue reemplazado gradualmente por el hebreo como lenguaje cotidiano de los judíos, sus contenidos son variados y van desde la copia de la inscripción Behistun de Darío hasta un contrato de matrimonio judío. Las cartas nos dicen sobre saqueo al templo Judío en Elefantina en una persecución contra los judíos alrededor del año 411 a.C. Los judíos de estas alejadas colonias adoraban al Señor y lo llamaban Yahu.

El Museo de Brooklyn dio a conocer y publicó otras cartas de Elefantina en estos últimos años, las que demuestran que se reconstruyó el templo después de su destrucción. Ellas mencionan a Yahu como “el Dios que mora en Yeb, la fortaleza”. Compare el Salmo 31:3. Estos nuevos papiros demuestran que Egipto aún permanecía bajo el poder  de Persia en los primeros años de Artajerjes II (404-359 a.C).

El papiro Elefantino, por lo tanto, nos aclara los antecedentes generales sobre el período de Esdras y Nehemías y sobre el período persa anterior. Muestra rasgos importantes de la vida de la dispersión judía en fronteras tan remotas como Elefantina en Egipto. También son valiosos ya que  nos otorgan conocimientos sobre el lenguaje arameo de esa época, y muchas de las costumbres y nombres que aparecen en la Biblia se ilustran en estos importantes hallazgos literarios.


Los Monumentos Heteos de Boghaz-Keui: recuerdos de un pueblo imperial      


En 1906, el profesor Hugo Winkler, de Berlín, comenzó las excavaciones en Boghaz-Keui, un sitio que se ubica aproximadamente  a ciento cuarenta y cinco kilómetros al este de Angora en el gran cinturón del río Halys en Asia Menor. Se descubrió que esta era la antigua capital hetea. Se extrajeron numerosas tablillas de arcilla escritas en seis idiomas diferentes. Un gran número de estas estaba inscrito en los caracteres cuneiformes del lenguaje heteo. Este idioma (que prácticamente ya está descifrado gracias al trabajo de tres hombres, y en especial del erudito checo Friedrich Hrozny) demostró ser crucial para obtener gran cantidad de información de interés para el estudiante de la Biblia.   

Antes que las tablillas de Boghaz-Keui revelaran que los heteos fueron un pueblo antiguo, las referencias bíblicas en los círculos críticos solían restarles valor histórico. En los cinco libros de Moisés, aparecen en variadas oportunidades las referencias a los heteos como habitantes de la tierra de Canaán, a quienes expulsaron los israelitas junto a otros pueblos (Éx 33:2; Dt 7:1; 20:17; Jos 3:10; 24:11). En las diversas listas, el orden varía, y no existe un vínculo que indique que una se refiera al nombre de un poderoso pueblo imperial y otra a una pequeña tribu local. Hace menos de un siglo; “heteos” le decía a los lectores de la Biblia un poco más de lo “heveos”  o “ferezeos” nos dice en la actualidad.

Es sabido por los registros bíblicos que cuando Abraham se instaló en Hebrón, tenía a los heteos por vecinos. También es sabido que uno de los soldados eminentes de David era Úrias, un heteo. Pero ¿quién esperaría que los heteos fueran más prominentes que los “gaditas” o “beerotitas”? Ahora, se sabe que existen dos períodos importantes en la historia de los heteos. El primero se remonta a alrededor del año 1800 a.C. y el otro data desde el 1400 hasta el 1200 a.C. En este segundo período de supremacía hetea hubo reyes poderosos que gobernaron Boghaz-Keui. Uno de ellos se llamaba Supiluliuma. Este gran conquistador extendió su imperio hasta los confines de Siria Palestina. El gran Ramsés II de Egipto, en la famosa batalla de Kadesh, colisionó con el poder heteo. Un tratado de paz heteo se confirmó con el faraón en el año vigésimo primero del último reino por medio de un matrimonio real.   

Cerca del año 1200 a.C., el gran Imperio Heteo colapsó , y cayó la ciudad hetea de Boghaz-Keui. Sin embargo, permanecieron algunos centros importantes del poder heteo como Carquemis, Sengirli, Hamat y otros lugares en el norte de Siria . Como resultado de las excavaciones y el descifrado de diversos monumentos heteos, se iluminó todo el contexto del mundo bíblico antiguo.

Gracias al aumento en el conocimiento, se entienden mejor alusiones como “”los reyes de los heteos” (1 R 10:29; 2 Cr 1:17), al igual que la referencia de Ezequiel a la Jerusalén infiel que tiene a un amorreo por padre y a una hetea por madre (Ez 16:45). La manera en que la arqueología sacó a la luz a los antiguos heteos proporciona un buen ejemplo de las formas en que esta ciencia expande los horizontes bíblicos.


Los textos religiosos de Ras Shamra (Ugarit) y la exposición de los cultos cananeos.  

File:List of Ugarit gods

Uno de los descubrimientos más importantes del siglo veinte fue la recuperación de cientos de tablillas de arcilla que albergaba una biblioteca situada entre dos grandes templos (uno dedicado a Baal, y el otro a Dagón) en una ciudad ugarítica conocida en la actualidad como Ras Shamra al norte de Siria. Estas tablillas de arcilla datan desde el siglo quince hasta principios del siglo catorce a.C. Están inscritas en un alfabeto conocido con anterioridad cuyos signos son cuneiformes. El profesor H. Bower, de la Universidad de Halle, reconoce esta nueva escritura como semítica. Un gran número de investigadores tales como E. Dhorme y Charles Virolleaud comenzaron a trabajar en el desciframiento de este nuevo lenguaje semítico.

Los primeros indicios de la importancia arqueológica de la antigua ciudad de Ugarit, la cual se desconocía hasta el año 1928, se ven en la primavera de ese año cuando un campesino sirio que araba su campo un poco al norte de la actual ciudad de Minet el-Beida se topó con algunas antigüedades. El 2 de abril de 1929, comenzó el trabajo bajo la supervisión de Claude F. Schaffer. Luego de un mes de labores, cambió hacia un tell vecino de Ras Sharma. Solo unos pocos días de excavaciones demostraron la importancia de este nuevo lugar. El 20 de mayo se descubrieron las primeras tablillas. Schaffer continuó con las excavaciones desde 1929 hasta 1937. Entre 1929 y 1933, un gran volumen de significativos textos religiosos se encontró en la biblioteca real del área. Muchos de estos, estaban escritos en un antiguo dialecto cananeo de la última parte de la edad de bronce y de principios de la edad del hierro.





La ciudad de Ugarit

       Ugarit

Esta próspera ciudad del segundo milenio, conocida por los investigadores por inscripciones egipcias de las cartas de Tell al-Amarna y por los documentos heteos, se ubicaba al norte de la costa siria frente a la isla de Chipre, aproximadamente a trece Km al norte de Latakia y ochenta km al sur de Antioquia. Estaba situada en una bahía y tenía un puerto que podían usar los marinos mercantes. Tenía una ciudad portuaria conocida en los tiempos griegos como Laukos Limen, el puerto blanco. En la actualidad, se llama Rass Sharma, “monte de hinojo”, debido a que esta planta crece allí.

El monte que comprende las ruinas de la antigua ciudad, tiene la forma de un trapecio con el lado mayor de una longitud de aproximadamente 612 m de norte a sur y la diagonal mayor de un poco más de 1 km. El monte tiene alrededor de 20 m de alto. El sitio se ubica en la importante ruta comercial que recorre la costa desde Egipto hacia Asia Menor, la que se une por un camino con Aleppo, Mari en el Éufrates y Babilonia. La ruta de Ugarit a Alashiya (esto es, Chipre) era corta.

Muy antiguamente, Urgarit entabló un comercio activo con las islas del mar Egeo, por lo que se convirtió en un puerto importante. Unos de los principales artículos que se importaban era el cobre, el que se usaba en la elaboración de bronce. Este metal provenía de Asia Menor y Chipre. El bronce se producía en Ugarit. En su calidad de ciudad fenicia, Ugarit, al igual que sus ciudades hermanas, exportaban madera a Egipto. No solo se comerciaban cedros desde el interior, sino otros tipos de madera también. También existían fábricas de tinte púrpura. Esto se ve en las grandes cantidades de conchas de múrice. Estas conchas, que se encontraban en abundancia a lo largo de la costa este del mediterráneo, producían un famoso tinte en la antigüedad.   

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