Las Cartas de Mari


Las cartas de Mari: una luz al mundo patriarcal    

Mari (ciudad) - Wikipedia
Ciudad de Mari

Uno de los sitios más gratificantes desde el punto de vista histórico y arqueológico que se descubrieran en Mesopotamia y en las tierra bíblicas es la ciudad de Mari, que corresponde a la modernas Tell el-Hariri en el Éufrates medio, alrededor de once km al noroeste de Abu-Kemal, una pequeña ciudad en el lado de la frontera sirio-iraquí.

La antigua ciudad debía su importancia a que era un punto de encuentro en las rutas de las caravanas que cruzaban el desierto sirio y que unían la ciudad con Siri y la costa mediterránea, y estas con las civilizaciones de Asiria y Babilonia. En 1932, el investigador William Foxwell Albright identificó esta ciudad con más precisión.   

André Parrot comenzó a excavar la ciudad de Mari en 1933 con el auspicio del Museo del Louver. Los resultados sacaron a la luz una antigua ciudad imperial de gran importancia y esplendor. La Segunda Guerra Mundial interrumpió las excavaciones en 1939, luego de seis exitosas expediciones. En 1951 se reanudaron las obras. Después de cuatro expediciones más, se detuvieron los trabajos en 1956 producto del conflicto del Canal de Suez.
Puerta de Istar
Templo de Ishtar

Dentro de los descubrimientos más sorprendentes hechos en Mari se encuentran el gran templo de Ishtar, para la diosa de la propagación babilónica, y un templo con forma de torre o ziggurat. El templo en sí tenía patios de tipo sumerio, columnas y un sótano. El ziggurat o templo con forma de torre era similar al que se encuentra en Ur y otros sitios mesopotámicos. Se hallaron estatuas, lo que ilustra la popularidad del culto de Isthar como diosa de la fertilidad. Uno de los murales del palacio describe el hecho, como se creía, de que el rey gobernante recibió su cetro y su anillo, emblemas de su autoridad, de la diosa Ishtar.  


Palacio de Mari
Palacio Real de Mari

Otro descubrimiento importante en Mari fue el palacio real. Una estructura contemporánea a la primera dinastía de Babilonia que se construyó en el centro del monte y tenía al menos trescientas habitaciones. El salón real estaba equipado con algunas muestras raras de pinturas en la pared bien preservadas. Esta enorme construcción con sus murales hermosamente coloreados, su apartamento real, oficinas administrativas y una escuela de escribas se considera como uno de los palacios mejor conservados del Medio Oriente. La estructura es obra de los antiguos amorreos, los que adoraban a las deidades Adad y Dagón. En la campaña posterior a la guerra, la excavación se centró principalmente en el estrado más antiguo retrocediendo a las construcciones del período presargonico del tiempo de la dinastía Acad.    


Los archivos reales

El hallazgo más interesante, sin embargo, corresponde a las así llamadas cartas de Mari, cerca de veinte mil tablillas de arcilla desenterradas, las que revolucionaron el conocimiento sobre el antiguo mundo bíblico. Estos documentos estaban escritos en el dialecto de la antigua Babilonia. Dtan de la era de Hamurabi, alrededor del 17800 a.C., el mismo monarca cuyos códigos se descubrieron en Susa en el año 1901. Estos registros constituyen apuntes del rey y de los gobernadores de la ciudad estado de Mar, y pertenecen al tiempo de los reyes Yasmah-Adad, bajo cuyo reinado comenzó la construcción del palacio, y Zimri-Lim, bajo quien se terminaron las obras. Algunas de estas correspondencias son entre el rey Yamah-Adas y su padre, el poderoso constructor del imperio, el rey Shamshi-Adad I de Asiria, así como con los representantes de las provincias de su reino. La correspondencia del rey Zimri-Lim también figura en el intercambio de correspondencia diplomática con el rey Hamurabi de Babilonia, así como con el rey de Alepo y otros vasallos. Dos cartas que se enviaron de Alepo para Zimri-Lim tratan de declaraciones proféticas entregadas en nombre del dios Adad de Alepo. El tema y el carácter de estas nos hacen recordar una de las profecías bíblicas.


Valor bíblico de los textos de Mari

Estos registros son de gran valor para el estudiante de la Biblia ya que provienen de la región que fue el hogar de los patriarcas hebreos por un gran número de años, antes de que fueran a Canaán. Durante la época de la tercera dinastía de Ur, Mari estaba bajo el dominio de los gobernadores de los reyes de Ur. En la práctica, sin embargo, un príncipe de Mari, Ishbi-Erra, quien puso la ciudad estado de Isin bajo su poder alrededor del año 2020 a.C., fue responsable de provocar la caída de la ciudad de Ur.

Se menciona con frecuencia en las cartas de Mari a Nacor, la que figura prominentemente en la narrativa patriarcal (Gn 24:10). Una de las cartas la envía una mujer de Nacor a un rey y dice lo siguiente:

“A mi señor dice, Tus Inib-Sharrim, tu sirvienta. ¿Cuánto tiempo debo permanecer en Nacor? La paz está restablecida y el camino no está obstruido. Permite mi señor escribir y deja que me manden traer para ver el rostro de mi señor del que estoy  apartada. Permite Señor, enviar la respuesta a mi tablilla”.       

El término “habiru”, muy importante debido a que Abraham es el primer individuo al que se le llama “hebreo” (Gn 14:13), se encuentra frecuentemente en las cartas de Mari, como es también el caso en las tablillas de Nuzi. En ambos casos, el término significa aparentemente “errante”, “el que va cruzando” o “el que va de un lugar para otro”. Esta definición calza muy bien con Abraham y con los primeros patriarcas debido a que ellos fueron viajantes nómadas. Cuando Abraham dejó Ur, al sur de Mesopotamia para emigrar a Canaán, sin duda pasó por la magnífica ciudad de Mari. Hay muy pocas dudas de que él y Taré con sus familias se unieron a las caravanas de allí. Tal vez pasaron días o semanas en la famosa ciudad y visitaron el palacio, cuyas huellas de grandeza aún permanecen visibles ante los ojos del arqueólogo moderno.   


Valor histórico de las cartas de Mari

Estos documentos establecen que Shamshi Adad I de Asiria, que reinó entre 1748-1716 a.C. aproximadamente, y Hamurabi, el Grande de Babilonia, fueron contemporáneos. Con estos hechos más otros detalles que proporcionan estos documentos, se puede concluir que la fecha de Hamurabi va desde 1728-1676 a.C. Esta y otras evidencias han forzado a los estudiosos a abandonar la identificación de Hamurabi de Babilonia con Amrafel (Gn 14:1)

Hamurabi llegó a ser un fuerte líder militar administrador. Fue miembro de la primera dinastía de Babilonia que reinó desde al año 1830 hasta cerca del 1550 a.C. El poder de esta dinastía alcanzó su punto más alto bajo el mandato de Hamurabi. Él derrotó a Rim-Sin de Larsa y estableció su dominio sobre todas las ciudades estados de la baj Babilonia. Su fuerza militar expansiva le permitió destruir Mari. A él pertenecen los códigos de las leyes que se descubrieron en Susa en 1901, como ya lo vimos. Esta famosa codificación permanece como un clásico al ilustrar y esclarecer las leyes de los israelitas.

Fue durante los días de Hamurabi que se compuso la historia babilónica sobre la creación. El poema glorifica a Marduc, el dios de los babilonios, al que Hamurabi colocó como deidad nacional de Babilonia. En este período, el antiguo lenguaje sumerio se volvió anticuado dando paso a uno semítico babilónico como lengua de uso común.


Las cartas de Mari y los amorreos  

Alrededor del año 2000 a.C., los pueblos semíticos nómadas que vivían en los bordes del desierto de la Fértil Medialuna, invadieron los centros donde vivía la civilización establecida. Conocidos como “occidentales”, permanecen en el Antiguo Testamento como “los amorreos”. Los estados amorreos habitaban toda el área mesopotámica. Nacor, Harán, Mari, Qatna y Ugarit aparecen todas como ciudades amorreas con reyes amorreos. La misma Babilonia se convirtió en la capital de un estado amorreo bajo Hamurabi. Este importante hecho histórico se refleja claramente en las cartas de Mari y en los pueblos conocidos como “occidentales” o “amorreos”. En cierta manera, la arqueología traza de manera lenta pero segura el marco histórico de la era patriarcal. Descubrimientos como los de las cartas de Mari constituyen un apoyo incalculable a la historia del antiguo mundo bíblico.

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