Tablillas de Nuzi


Las tablillas de Nuzi y los héroes bíblicos


       moža in postala vdova

Desde esta ciudad, al este del antigua Asur y a poca distancia al oeste de Arrapkha, que floreció en los siglos medios del segundo milenio a.C., salieron varios miles de textos cuneiformes. Estos probaron ser de un inmenso valor al demostrar el surgimiento de los hurritas y de las costumbres patriarcales. El sitio presente de Nuzi está en Yoghlam-Tepe. Es un monte 240 km al norte de Bagdad cerca de las colinas del sureste Kurdistán. La Escuela Americana de Investigación Oriental en Bagdad y la Universidad de Harvard excavaron Nuzi entre 1925 y 1931. Se usó el nombre de “Nuzi” durante la ocupación de los hurritas.

Antes de la época de la posesión de los hurritas, el sitio de Nuzi fue ocupado por un grupo étnico diferente llamado subarianos. En este período anterior, la ciudad llevaba el nombre de Gasur, mientras la ocupación más antigua se remonta a la época prehistórica. Pero el interés vital en la ciudad proviene de la ocupación efectuada por los hurritas y los textos cuneiformes que se excavaron allí y de la cercanía de Arrapkha (Kirkuk en la actualidad)casi 14 km hacia el este.


Las tablillas de Nuzi y los hurritas  

LA arqueología moderna no solo ha resucitado a los antiguos heteos, los que eran prácticamente desconocidos, salvo esporádicas referencias en las páginas de la Biblia, sino también a los enigmáticos horeos. En los libros del Pentateuco se encuentra un número de referencia a un pueblo enigmático llamado los horeos. Este pueblo fue derrotado por Quedorlaomer y el ejército invasor mesopotámico (Gn 14:6). Eran gobernados por jefes (Gn 36:20-30). Se dice que fueron destruidos por los descendientes de Esaú (Dt 2:12, 22).

Se solía pensar que este desconocido pueblo era muy local, un grupo restringido de moradores de cuevas. Se creía que la palabra “horeos” provenía de la palabra hebrea “hor”, que significa “hoyo” o “cueva”. Aparte de esta deducción etimológica, los horeos permanecieron en la absoluta oscuridad, al no aparecer fuera del Pentateuco o en otros documentos extrabíblicos. En los últimos cincuenta años, no obstante, la arqueología realizó un milagro al resucitar a los antiguos hurritas, los horeos bíblicos. Se sabe de ellos que no estaban restringidos a un grupo local, sino que eran un pueblo prominente que tuvo un lugar relevante en el escenario de la antigüedad. Ahora se conoce que sí existieron y que tuvieron un papel fundamental en la historia cultural del antiguo Medio Oriente. Como resultado de este descubrimiento, se debió abandonar la etimología popular que los relacionaba con las cuevas.

Los hurritas u horeos, eran un pueblo no semita que antes del comienzo del segundo milenio a.C. emigró hacia el noreste de Mesopotamia. Su tierra natal estaba en la región sur del Cáucaso. Aparecieron por primera vez en el horizonte de la historia alrededor del 2400 a.C., en las montañas Zagros al este del río Tigris. En el período del 2000 al 1400 a.C: aproximadamente, los hurritas eran comunes y se había expandido hacia la parte de Mesopotamia.



Las tablillas de Nuzi y los patriarcas  

El principal interés de las tablillas de Nuzi radica en el esclarecimiento de los tiempos y costumbres de los patriarcas. En la narrativa patriarcal, muchas prácticas locales aparecen muy oscuras para el lector moderno. Numerosas tablillas de arcilla de Nuzi y de la cercana Arrapkha han iluminado en muchos casos estas costumbres, por lo que vemos ahora que existieron en un contexto històrico general en el tempo. Aunque las tablillas de Nuzi datan de los siglos 15 y 14 a.C., un poco después del período patriarcal (alrededor del 2000 al 1800 a.C.), aún así, ellas ilustran los tiempos de los patriarcas. La razón está en que cuando los patriarcas salieron de Ur, permanecieron en Harán y se mezclaron con la saciedad de los horeos en el oeste. Pero las mismas costumbres prevalecieron tanto entre los horeos del oeste como entre los del este en Nuzi y Arrapkha. De allí que los resultados obtenidos en Nuzi sean válidos por extensiòn para los horeos del este, así como también por un período considerablemente posterior a los patriarcas.  

En Génesis 15:2, Abraham lamenta su condición de no tener hijos y el hechos de que su siervo Eliezer fuera a ser su heredero. A la luz de esta situación, Dios le asegura al patriarca que va a tener un hijo propio que heredará sus bienes. Las tablillas de Nuzi explican este complejo asunto. Ellas explican cómo un siervo fiel, en apariencia un extraño, pueda heredar los bienes. En la antigua Nuzi, era una costumbre social de los hurritas que una pareja que no tuviese hijos adoptara a un niño para que cuidase a los padres adoptivos hasta la vejez, se hiciera cargo cuando murieran y que en recompensa por sus deberes filiales se convirtiera en heredero. Pero es importante resaltar que si nace un hijo natural este acuerdo se anula, al menos en parte, y el hijo natural se convierte en el heredero. Eliezer era simplemente el hijo adoptivo de Abraham. No obstante, el milagroso nacimiento de Isaac, el hijo que prometía la posteridad, alteró la condición de heredero de Eliezer   

En Nuzi, un contrato de matrimonio incluía en ocasiones una cláusula que señalaba que junto con la novia se presentaba una esclava como obsequio, tal como ocurrió con el matrimonio de Lea (Gn 29:24) y Raquel (29:29). Otras concesiones del matrimonio especificaban que una esposa de la clase superior que no tuviera hijos debía concederle a su marido una esclava como concubina. En tal caso, sin embargo, la esposa tenía el derecho de tratar al niño como si fuera propio. Esta condición esclarece la difícil afirmación con su juego de palabras en Génesis 16:2: “Tendré de ella”, lo que significa “quizás podré crear por medio de ella”. Es interesante destacar que la ley relacionada de Hamurabi,  párrafo 144, no ofrece un paralelo completo. En ella, la esposa es una sacerdotisa y no tiene derecho de reclamar como suyo el hijo de una concubina.

De este modo, se ve que para la ley y la sociedad nuzita, en la que se movieron los patriarcas por un tiempo, se consideraba que lo más importante de un matrimonio eran los hijos y no la compañía. De una manera u otra, era necesario que una familia procreara. Después del nacimiento de Isaac, la práctica local de Nuzi ilustra la renuencia de Abraham en cumplir las demandas de Sara sobre la expulsión del hijo de Agar. En el caso de que la esclava tuviera un hijo, no se debía expulsar al niño. En el caso de Abraham sólo una disposición divina predominó sobre un a ley humana e hizo al patriarca tener la voluntad para obedecer.          

También se esclarecen los casos que conciernen a los derechos del primogénito que aparecen en Génesis. En la Biblia, Esaú vende sus derechos de nacimiento a Jacob. En las tablillas de Nuzi un hermano vende un soto que heredó por tres ovejas. Evidentemente, esto se compara en valor a una comida sabrosa por la cual Esaú vendió sus derechos.

En la sociedad de los hurritas, la primogenitura no era tanto un asunto de ser el primero en nacer como de un decreto paternal. Estos derechos prevalecen sobre todos los demás cuando se entregan como una declaración en el lecho de muerte con la siguiente fórmula: “He aquí, estoy viejo”. Esta situación ayuda a aclarar lo que ocurrió en Génesis 27, el capítulo que habla sobre el robo de Jacob  de la bendición de la familia.

La ley nuzita también explica la oscura terafin. Ahora sabemos que un terafin era una pequeña casa de deidades. Poseerlos implicaba ser la cabeza de la familia. En el caso de una hija casada, ellos le aseguraban a su marido el derecho sobre la propiedad del padre. Labán tenía hijos propios cuando Jacob dejó Canaán. Solo ellos tenían derecho sobre los bienes de su padre. El que Raquel robara estos importantes ìdolos era una ofensa notable (Gn 31:19, 30, 35). Su objetivo no era más que preservar para su marido el título de jefe sobre las propiedades de Labán.

Los textos de Nuzi y Arrapkha, al menos, otorgan detalles que explican estas extrañas costumbres. En circunstancias especiales, la propiedad podía pasar al marido de la hija, pero solo si el padre entregaba los ídolos a su yerno en señal formal de que el acuerdo adquiría el reconocimiento apropiado.     

Otra costumbre que se aclara es la que se encuentra en Génesis 12:10-20; 20:6; 261.11, donde se presenta a la esposa de un patriarca como su hermana, sin razón aparente. Los textos de Nuzi, no obstante, muestran que entre los horeos, los lazos del matrimonio eran los más solemnes, por lo que la esposa obtenía legalmente, aunque no necesariamente por los sanguíneos, el mismo nivel de una hermana; por lo que, “hermana” y “esposa” se pueden usar indistintamente en ciertas circunstancias oficiales. De este modo, al acudir a la relación de esposa-hermana, tanto Abraham como Isaac se valieron del resguardo más fuerte que la ley podía ofrecerles.    




Valor crítico

Descubrimientos como los de Nuzi y Arrapkha, están obligando a los críticos más tenaces a abandonar sus teorías insostenibles. Por ejemplo, hace no muy poco, era costumbre de los críticos ver que las historias de los patriarcas pertenecían a un período mucho más antiguo y que no correspondía a narraciones auténticas de la era de Moisés, es decir, del siglo 15 a.C. Pero ahora surge la pregunta: ¿Cómo pueden pertenecer estos matices a una era anterior? Las tablillas de Nuzi han prestado un gran servicio a los estudiantes de la historia antigua de la Biblia, no solo al dar fe de la influencia de las costumbres sociales en la era patriarcal y en la misma medida de Mesopotamia, desde donde vienen los patriarcas, sino también al demostrar que estas narraciones son auténticas de esa época. Tales descubrimientos hacen un gran aporte a nuestros antecedentes històricos y nos permiten ahora, en la actualidad, descubrirlos, según sus matices genuinos y el escenario histórico.

1 comentario:

  1. Muy buena informacion!! Gracias, la necesitaba para una tarea del seminario biblico. Cual fue su fuente bibliografica?

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